El Señor protege el camino de los justos
1:1 ¡Feliz el hombre que no sigue el consejo de los malvados, ni se detiene en el camino de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los impíos,
1:2 sino que se complace en la ley del Señor y la medita de día y de noche!
1:3 Él es como un árbol plantado al borde de las aguas, que produce fruto a su debido tiempo, y cuyas hojas nunca se marchitan: todo lo que haga le saldrá bien.
1:4 No sucede así con los malvados: ellos son como paja que se lleva el viento.
1:5 Por eso, no triunfarán los malvados en el juicio, ni los pecadores en la asamblea de los justos;
1:6 porque el Señor cuida el camino de los justos, pero el camino de los malvados termina mal.
