Enséñame, Señor a decir ¡Gracias!
Enséñame, Señor a decir: ¡Gracias! gracias en distintos idiomas, gracias a las distintas personas pero, sobre todo, Señor, gracias porque, ¡existes!
Gracias por tu eucaristía, gracias por tu madre, gracias por todos y cada uno de tus hijos, mis hermanos, que día a día colocas junto a mí.
Gracias, en fin, por haberme enseñado a darte y a dar las gracias.
Junto con todas tus criaturas, las que te las hayan dado antes que yo, las que no sepan no contesten a tu amor o las que ni siquiera se hayan enterado.
Deseo desde ahora que mis palabras sean simple y sencillamente éstas: ¡Gracias! ¡A todos! ¡A ti, Señor!
Amén.

