Gracias padres.
Señor mío y Dios mío, gracias por la bendición de este día. Gracias porque me has motivado para ser mejor persona y me has ayudado a superar las emociones negativas que algunas situaciones me han hecho tener.
Yo sé que de mí depende el control de mi vida emocional, y que no puedo delegar ese poder a nadie más, porque si no, viviré en una montaña rusa de emociones, actuando a la conveniencia de los demás.
Quiero ser capaz de manejar de la mejor manera mi vida afectiva y emocional, sin darle tanto espacio al drama, sino más bien intentando ser lo más lúcido e inteligente emocionalmente posible.
Ayúdame a regularme cuando haya situaciones que me saquen de control, esas que sacan de casillas.
Gracias por darme la posibilidad de conocerme, de ser barro en manos del alfarero.
Amén.
